La abubilla [Eurasian Hoopoe - Upupa epops] es de esas aves que no hace falta identificar, porque se identifica sola: cuerpo ocre canela, alas y espalda cruzadas por un barrado blanco y negro de cebra, pico largo y curvado como una aguja, y esa cresta que puede llevar plegada hacia atrás como un mechón engominado o abrir de golpe en un abanico de puntas negras. Lo que sí tiene interés es lo demás, porque casi todo lo que se cuenta de ella se cuenta mal: que la cresta significa alarma, que es un ave de verano, que se ve mucho porque es fácil. Ninguna de las tres cosas es exactamente así.
La cresta la abre al posarse, y también cuando algo la inquieta, cuando se estira o cuando se acerca a otra abubilla, de modo que verla desplegada no es señal de miedo sino de que el ave acaba de cambiar de estado. En el suelo, mientras rebusca, la lleva casi siempre bajada, y lo que se ve entonces es una silueta rara, jorobada, con el pico clavado en la tierra. La foto de la cresta abierta cuesta más de lo que parece, porque el gesto dura poco y el ave suele estar de perfil bajo en un rastrojo.
![]() |
| La cresta abierta del todo, con las puntas negras separadas una a una. Maribáñez (Los Palacios y Villafranca, Sevilla), 4 de septiembre de 2025. Sony α7R II + 200-600 mm |
Del plumaje conviene saber que macho y hembra son prácticamente iguales, y ahí se acaban las diferencias que se pueden ver en el campo: el macho tiene el pecho de un anaranjado algo más intenso y saturado, y la hembra lo lleva más lavado, más pálido. Con un solo ave delante y sin comparación directa eso no se resuelve, así que en la mayoría de las fotos lo honesto es no pronunciarse. El barrado del ala, en cambio, es un buen sitio donde mirar: en el adulto las bandas blancas y negras son netas y de bordes limpios, y el conjunto tiene un contraste que salta a la vista incluso a contraluz.
![]() |
| En el suelo desnudo del borde de una finca, con la cresta abierta y el barrado del ala a plena vista. Los Palacios y Villafranca (Sevilla), 29 de diciembre de 2024. Sony a6400 + 200-600 mm |
Esa foto es de finales de diciembre, y ahí está lo que más se malinterpreta de la especie. La abubilla es migradora transahariana, sí, pero solo en parte del territorio: las poblaciones de la mitad sur, el litoral mediterráneo y el valle del Ebro se quedan todo el año, mientras las del interior y el norte se van a África y vuelven en primavera. El paso prenupcial va de marzo a primeros de mayo y el posnupcial de agosto a octubre, y a esos movimientos se suman abubillas europeas que vienen a invernar aquí. En la práctica, en Sevilla o en Málaga se puede fotografiar una abubilla en enero sin que eso tenga nada de raro; en León o en Burgos, en cambio, buscarla en enero es perder la mañana. Cría en casi toda la península salvo la franja cantábrica, es escasa en zonas montañosas y húmedas, y está también en Baleares y Canarias.
![]() |
| De espaldas y con la cresta plegada, que es como se la ve la mayor parte del tiempo. Maribáñez (Los Palacios y Villafranca, Sevilla), 31 de marzo de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm. |
Comer es lo que la delata cuando no canta. Come sobre todo larvas y pupas de insectos que están enterradas o metidas en la hojarasca, y las busca sondeando el suelo con el pico a la manera de un limícolo: clava, escarba, avanza dos pasos, vuelve a clavar. Por eso se la encuentra siempre en terreno abierto y con suelo accesible —caminos de tierra, rastrojos, dehesas, prados segados, huertas— y nunca en espesura cerrada. Buscarla es cuestión de recorrer despacio los caminos de tierra y los bordes de finca, con el sol bajo, atento al pájaro que camina.
![]() |
| Recorriendo un camino de tierra a primera hora, con una oruga en el suelo a un paso del pico. Vereda del Gallego (Sevilla), 28 de marzo de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm |
Cría en huecos: agujeros de árbol, grietas de muro, tejados y edificios abandonados, sin apenas construir nada, solo un lecho somero de hojas y hierbas en el fondo. Pone entre siete y diez huevos, incuba la hembra unas tres semanas y los pollos tardan casi un mes en emplumar, de modo que los volanderos salen a finales de julio o primeros de agosto. Del nido conviene saber que huele, y bastante: la hembra y los pollos tienen una secreción de olor fuerte que, junto con los excrementos acumulados, hace que la cavidad ocupada se detecte a distancia. Es una defensa, no un descuido.
El «up-up-up» de tres sílabas graves y sordas que repite en primavera está en su nombre común en media Europa y en el científico, Upupa epops, y en cuanto se aprende deja de haber duda: es un sonido hueco, sin brillo, que llega de lejos y no se parece a nada más del campo español. En marzo y abril, en el sur, es la forma más eficaz de localizarla antes de verla. De confusión, en cambio, prácticamente ninguna: la única que he oído es con el pito ibérico, y solo de refilón, porque comparte la costumbre de bajar al suelo a comer hormigas y el vuelo ondulado; pero el pito es verde oliva y amarillo, sin barrado ni cresta, y tiene el porte vertical del carpintero agarrado al tronco, no el paso horizontal de la abubilla.
Las fotos de esta ficha son todas de la campiña y los arrozales del entorno de Los Palacios y Utrera, y salen de cuatro salidas muy repartidas: finales de marzo, principios de septiembre, mediados de octubre y finales de diciembre. Esa dispersión no es casual, sino lo que cabe esperar de una especie que en el sur no se va del todo en ningún momento del año.
Ficha completa de todas las especies del blog en el listado de especies fotografiadas.



















































