23 agosto 2026

Abubilla común (Upupa epops): por qué abre la cresta, cómo suena y dónde verla en invierno

 La abubilla [Eurasian Hoopoe - Upupa epops] es de esas aves que no hace falta identificar, porque se identifica sola: cuerpo ocre canela, alas y espalda cruzadas por un barrado blanco y negro de cebra, pico largo y curvado como una aguja, y esa cresta que puede llevar plegada hacia atrás como un mechón engominado o abrir de golpe en un abanico de puntas negras. Lo que sí tiene interés es lo demás, porque casi todo lo que se cuenta de ella se cuenta mal: que la cresta significa alarma, que es un ave de verano, que se ve mucho porque es fácil. Ninguna de las tres cosas es exactamente así.
La cresta la abre al posarse, y también cuando algo la inquieta, cuando se estira o cuando se acerca a otra abubilla, de modo que verla desplegada no es señal de miedo sino de que el ave acaba de cambiar de estado. En el suelo, mientras rebusca, la lleva casi siempre bajada, y lo que se ve entonces es una silueta rara, jorobada, con el pico clavado en la tierra. La foto de la cresta abierta cuesta más de lo que parece, porque el gesto dura poco y el ave suele estar de perfil bajo en un rastrojo.


abubilla común posada en una rama seca con la cresta completamente desplegada en abanico, mostrando las puntas negras de las plumas
La cresta abierta del todo, con las puntas negras separadas una a una. Maribáñez (Los Palacios y Villafranca, Sevilla), 4 de septiembre de 2025. Sony α7R II + 200-600 mm


Del plumaje conviene saber que macho y hembra son prácticamente iguales, y ahí se acaban las diferencias que se pueden ver en el campo: el macho tiene el pecho de un anaranjado algo más intenso y saturado, y la hembra lo lleva más lavado, más pálido. Con un solo ave delante y sin comparación directa eso no se resuelve, así que en la mayoría de las fotos lo honesto es no pronunciarse. El barrado del ala, en cambio, es un buen sitio donde mirar: en el adulto las bandas blancas y negras son netas y de bordes limpios, y el conjunto tiene un contraste que salta a la vista incluso a contraluz.

abubilla común caminando por el suelo desnudo con la cresta abierta, de perfil, con el barrado blanco y negro del ala muy contrastado
En el suelo desnudo del borde de una finca, con la cresta abierta y el barrado del ala a plena vista. Los Palacios y Villafranca (Sevilla), 29 de diciembre de 2024. Sony a6400 + 200-600 mm

Esa foto es de finales de diciembre, y ahí está lo que más se malinterpreta de la especie. La abubilla es migradora transahariana, sí, pero solo en parte del territorio: las poblaciones de la mitad sur, el litoral mediterráneo y el valle del Ebro se quedan todo el año, mientras las del interior y el norte se van a África y vuelven en primavera. El paso prenupcial va de marzo a primeros de mayo y el posnupcial de agosto a octubre, y a esos movimientos se suman abubillas europeas que vienen a invernar aquí. En la práctica, en Sevilla o en Málaga se puede fotografiar una abubilla en enero sin que eso tenga nada de raro; en León o en Burgos, en cambio, buscarla en enero es perder la mañana. Cría en casi toda la península salvo la franja cantábrica, es escasa en zonas montañosas y húmedas, y está también en Baleares y Canarias.


 

bubilla común vista de espaldas en una rama desnuda, con la cresta plegada hacia atrás y el barrado blanco y negro de las alas y la cola
De espaldas y con la cresta plegada, que es como se la ve la mayor parte del tiempo. Maribáñez (Los Palacios y Villafranca, Sevilla), 31 de marzo de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm.

Comer es lo que la delata cuando no canta. Come sobre todo larvas y pupas de insectos que están enterradas o metidas en la hojarasca, y las busca sondeando el suelo con el pico a la manera de un limícolo: clava, escarba, avanza dos pasos, vuelve a clavar. Por eso se la encuentra siempre en terreno abierto y con suelo accesible —caminos de tierra, rastrojos, dehesas, prados segados, huertas— y nunca en espesura cerrada. Buscarla es cuestión de recorrer despacio los caminos de tierra y los bordes de finca, con el sol bajo, atento al pájaro que camina.

abubilla común caminando por un camino de tierra con una oruga peluda en el suelo justo delante de ella
Recorriendo un camino de tierra a primera hora, con una oruga en el suelo a un paso del pico. Vereda del Gallego (Sevilla), 28 de marzo de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm

Cría en huecos: agujeros de árbol, grietas de muro, tejados y edificios abandonados, sin apenas construir nada, solo un lecho somero de hojas y hierbas en el fondo. Pone entre siete y diez huevos, incuba la hembra unas tres semanas y los pollos tardan casi un mes en emplumar, de modo que los volanderos salen a finales de julio o primeros de agosto. Del nido conviene saber que huele, y bastante: la hembra y los pollos tienen una secreción de olor fuerte que, junto con los excrementos acumulados, hace que la cavidad ocupada se detecte a distancia. Es una defensa, no un descuido.
El «up-up-up» de tres sílabas graves y sordas que repite en primavera está en su nombre común en media Europa y en el científico, Upupa epops, y en cuanto se aprende deja de haber duda: es un sonido hueco, sin brillo, que llega de lejos y no se parece a nada más del campo español. En marzo y abril, en el sur, es la forma más eficaz de localizarla antes de verla. De confusión, en cambio, prácticamente ninguna: la única que he oído es con el pito ibérico, y solo de refilón, porque comparte la costumbre de bajar al suelo a comer hormigas y el vuelo ondulado; pero el pito es verde oliva y amarillo, sin barrado ni cresta, y tiene el porte vertical del carpintero agarrado al tronco, no el paso horizontal de la abubilla.
Las fotos de esta ficha son todas de la campiña y los arrozales del entorno de Los Palacios y Utrera, y salen de cuatro salidas muy repartidas: finales de marzo, principios de septiembre, mediados de octubre y finales de diciembre. Esa dispersión no es casual, sino lo que cabe esperar de una especie que en el sur no se va del todo en ningún momento del año.
Ficha completa de todas las especies del blog en el listado de especies fotografiadas.

Abejaruco europeo (Merops apiaster): cómo distinguir macho, hembra y juvenil, y dónde ver sus colonias

 El abejaruco europeo [European Bee-eater - Merops apiaster] se oye antes de verse, y eso es lo primero que conviene saber de él: ese «prruip» líquido y repetido que cae del cielo cuando el bando pasa alto es casi siempre la única pista que uno tiene antes de localizarlos. Cuando por fin aparecen posados en un cable o en una rama seca, el problema deja de ser encontrarlos y pasa a ser otro, mucho más entretenido: averiguar a quién se está mirando, porque en un mismo tendido de julio pueden estar juntos los adultos que criaron y los pollos que acaban de salir del túnel.
El adulto es inconfundible en cuanto se le ven las partes altas: la corona y el manto de un castaño intenso que se degrada a dorado en las escapulares, la garganta amarilla limpia separada del pecho azul verdoso por una línea negra estrecha y nítida, el antifaz negro que le cruza el ojo y el pico largo, curvo y fino con el que caza al vuelo. Las dos rectrices centrales sobresalen en punta, un detalle que en vuelo le da esa silueta de flecha que lo separa de cualquier otra cosa. Las diferencias entre sexos son sutiles pero reales y se ven mejor con el ave de dorso: el macho tiene las partes dorsales de un castaño más oscuro y saturado, mientras que la hembra tira a tonos más verdosos en las alas y el obispillo. 

 

abejaruco europeo adulto posado en un cable eléctrico contra cielo azul, con la garganta amarilla y la línea negra del pecho bien visibles
Juvenil o adulto no reproductor, en un cable sobre el arrozal, en las horas de más calor de la tarde. Brazo del Este (Sevilla), 13 de julio de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm

El plumaje juvenil es la duda que más se repite a partir de julio. Los jóvenes del año llevan un colorido apagado, con verde donde el adulto tiene castaño, el iris marrón en vez del rojo intenso del adulto, y la línea negra que separa la garganta amarilla del pecho poco definida o ausente del todo. Tampoco les han crecido aún las rectrices centrales en punta, así que la cola se ve cuadrada. Un ave de dorso verdoso apagado, con la garganta amarilla pero sin ese collar negro nítido, es casi con seguridad un pollo volandero de ese mismo verano.


abejaruco europeo de espaldas en un cable con luz cálida de tarde, mostrando el manto verdoso apagado y la cola de puntas cuadradas
De espaldas y con el sol ya bajo, el manto se ve verdoso y apagado y la cola no tiene puntas alargadas: rasgos de ave joven o adulto no reproductor. Brazo del Este (Sevilla), julio de 2010. Canon 450D + Sigma 70-300 mm

Lo que de verdad organiza la vida del abejaruco es el agujero en la tierra. Cava una galería en taludes arenosos, barrancos y cortados, entre medio metro y dos metros de profundidad, con una boca de diez o doce centímetros y una cámara al fondo del tamaño de una caja de zapatos; excavan los dos miembros de la pareja a picotazos, y en el proceso pueden sacar hasta diez kilos de tierra. Casi siempre crían en colonias, de modo que un mismo talud acaba perforado por una hilera de bocas y con aves entrando y saliendo como si aquello fuera una estación. Ponen una sola vez al año, en mayo, seis o siete huevos, y los pollos salen en junio.


talud arenoso de un barranco con varias bocas de nido de abejaruco alineadas y un ave asomando en la entrada de una de ellas
El talud natural de un barranco, con la hilera de bocas de nido y un ave asomando en una de ellas. Manilva (Málaga), 2 de mayo de 2010. Canon 450D + Sigma 70-300 mm.

Encontrar una colonia cambia por completo la forma de fotografiarlos, porque los adultos usan siempre los mismos posaderos alrededor del talud: una rama seca, un alambre, un tallo alto desde el que salen a cazar y al que vuelven con la presa. Esa fidelidad al percherón es lo que permite acercarse una vez y quedarse quieto, en lugar de perseguir bandos por el cielo. Cazan al vuelo abejas, avispas, moscardones y libélulas, y a las presas con aguijón las golpean contra la percha antes de tragarlas, lo que explica su mala fama entre los apicultores y también por qué merodean las colmenas.

pareja de abejarucos europeos acurrucados juntos en una rama de tarajal, uno de ellos con el dorso castaño más oscuro
Dos aves juntas en un tarajal, cerca del talud de la colonia. En el de la derecha se aprecia el castaño más saturado del dorso. Manilva (Málaga), 2 de mayo de 2010. Canon 450D + Sigma 70-300 mm

abejaruco europeo adulto de dorso posado en una varilla metálica sobre un talud de arena, con el manto castaño y dorado a la vista
De dorso sobre una varilla clavada en un talud de arena, con el castaño y el dorado del manto de frente al sol. Brazo del Este (Sevilla), 11 de abril de 2010. Canon 450D + Sigma 70-300 mm


El calendario es estricto y merece la pena tenerlo apuntado. El abejaruco es estival: llega a España en marzo y abril, cría entre mayo y julio, y a partir de mediados de agosto empieza a marcharse, con el paso alargándose hasta septiembre. Inverna en el África tropical, en dos zonas separadas entre sí: una franja en el África occidental y un sector amplio más al sur, entre el Congo y Zimbabue. En invierno no queda ni uno, de modo que cualquier abejaruco que se vea en la península entre noviembre y febrero es una anomalía que hay que documentar. En cuanto a distribución, cría de forma casi continua por toda la península salvo en Galicia, la franja cantábrica y los Pirineos, y es especialmente abundante en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y el valle del Ebro; en los últimos años se ha ido metiendo en cotas más altas de lo que era habitual. En la Lista Roja de las Aves de España figura como Preocupación Menor, y está incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, aunque no en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.
De confusión, poca: por color y silueta no hay en España otra ave parecida. La única que se le acerca en registro es la carraca europea, que comparte hábitat, cables y afición a los grandes insectos, pero es más rechoncha, de azul turquesa dominante y con la espalda de un canela liso, sin nada del castaño y dorado degradado del abejaruco ni la garganta amarilla. En vuelo, la carraca bate con aleteo pesado y silueta ancha, mientras el abejaruco planea con las alas triangulares y la cola en punta, más cerca de un vencejo grande que de un córvido.
Las fotos de esta ficha salen de dos sitios muy distintos. Las de Manilva son de una mañana de mayo de 2010 en la que encontré el talud del barranco perforado de bocas y me quedé un rato viendo entrar y salir a los adultos; las del Brazo del Este, de abril y julio de 2010 y de una tarde de julio de 2026, son de aves posadas en los cables y las varillas que bordean los arrozales, que es donde uno los encuentra siempre por allí, ya con el arroz alto y el calor obligando a fotografiar desde el coche.
Ficha completa de todas las especies del blog en el listado de especies fotografiadas. El recorrido del sitio donde están las fotos de los arrozales, en un día en el Brazo del Este.

21 agosto 2026

Martín pescador común (Alcedo atthis): cómo sexarlo por el pico, dónde verlo pescar y por qué está En Peligro

 Al martín pescador común [Common Kingfisher - Alcedo atthis] se le oye casi siempre antes de verlo, un pitido agudo y penetrante que recorre el canal un segundo por delante del ave, que pasa recta y bajísima sobre el agua y se pierde en la primera curva. Verlo bien ya es otra cosa, y ahí está la gracia de la especie, porque pocos pájaros tan llamativos se dejan ver tan poco y tan mal. La mañana de septiembre en que hice estas fotos, en un canal de riego entre arrozales en Maribáñez (Los Palacios y Villafranca, Sevilla), tuve la suerte contraria, un macho pescando sin prisa desde las cañas de la orilla mientras el sol todavía estaba bajo.

martín pescador común macho posado en una caña sobre un canal de riego, con fondo verde
Macho al acecho desde una caña del canal de riego, con el pico negro entero. Maribáñez, Los Palacios y Villafranca (Sevilla), septiembre de 2025. Sony A7R II + 200-600


La identificación no tiene misterio, porque no hay en España ningún ave parecida, pero el sexado sí tiene su truco y es de lo que más se pregunta. El macho lleva el pico negro entero, mientras que la hembra tiene naranja la base de la mandíbula inferior, un detalle que con buena luz se ve sorprendentemente lejos. Los jóvenes del año salen del nido con los colores más apagados y las patas oscuras, en vez del rojo coral de los adultos. El resto del plumaje es el que todo el mundo conoce sin haberlo visto nunca, partes inferiores naranjas, garganta y mancha del cuello blancas, y un dorso entre verde y azul según le dé la luz, con esa franja central azul eléctrico que se enciende cuando el ave se va y que muchas veces es lo único que se llega a ver de ella.

 

 

espalda de un martín pescador común mostrando la franja dorsal azul eléctrico, posado en hormigón
La franja dorsal azul eléctrico, lo último que se ve del ave cuando se va. Maribáñez (Sevilla), septiembre de 2025. Sony A7R II + 200-600


La pesca es un asunto de paciencia y geometría. El martín elige una percha baja sobre el agua, una caña, un cable, la borda de un barco, y desde ella se deja caer en picado sobre los pececillos que pasan a tiro, para volver al posadero con la captura atravesada en el pico. Donde no hay percha no renuncia, se cierne, un aleteo sostenido en el sitio con el pico apuntando al agua, igual que un cernícalo sobre el rastrojo, y desde ahí se tira. El del cernido de la foto lo estuve viendo una mañana helada de diciembre desde el observatorio de La Arenilla, en las marismas de Santoña, manteniéndose sobre el canal a pulso porque la marea le había dejado los posaderos lejos del pescado.


martín pescador común cerniéndose sobre el agua con el pico apuntando hacia abajo, marismas de Santoña
Cerniéndose sobre el canal a falta de percha cerca del pescado, desde el observatorio de La Arenilla. Marismas de Santoña (Cantabria), diciembre de 2023. Sony a6400 + 200-600


La población española es residente, con parejas repartidas por casi cualquier agua limpia con peces, ríos grandes y chicos, lagunas, embalses, canales y acequias, aunque escasea en La Mancha y en el sureste más árido. Entre finales de septiembre y noviembre llegan además invernantes del centro y norte de Europa, que se reparten por los humedales costeros y engordan las cifras de los estuarios, y en marzo el viaje se deshace. Cría en taludes arenosos de ribera, donde el macho excava un túnel rematado en la cámara de puesta, y justo ahí está su problema, porque las canalizaciones y la pérdida de riberas naturales le van quitando sitios de nido. El Libro Rojo de las Aves de España de 2021 lo cataloga En Peligro, con un dato que impresiona, siete de cada diez jóvenes no superan su primer año.


hembra de martín pescador común con la mandíbula inferior naranja, posada en lo alto de un palo azul en el puerto
Hembra, con la base naranja de la mandíbula inferior, en un palo del puerto. Puerto de Raos, Santander (Cantabria), diciembre de 2020. Sony a6400 + 200-600


Los estuarios cántabros en invierno son el sitio fácil para verlo, con las marismas de Santoña a la cabeza, y no hace falta que el escenario sea bonito, la hembra de la última foto pescaba entre barcos amarrados en el puerto de Raos, en plena zona industrial de Santander. En el sur lo busco en septiembre por los canales de los arrozales del bajo Guadalquivir, de Maribáñez al Brazo del Este, cuando las tablas llenas de agua ponen el pescado en bandeja. Entre la hembra del puerto y el macho del arrozal median cinco años y ochocientos kilómetros, y el pájaro es el mismo relámpago azul en los dos extremos del mapa. El resto de especies del blog, en el listado de especies fotografiadas.

19 agosto 2026

Garza real (Ardea cinerea): cómo identificarla, diferenciarla de la garceta grande y dónde verla

La garza real [Grey Heron - Ardea cinerea] es el ave que más veces he fotografiado sin proponérmelo, y también la que más veces he dejado pasar sin levantar la cámara. Está en todos los humedales a los que voy y siempre hay una dentro del encuadre mientras espero otra cosa, así que acaba pasando lo de siempre: se la mira por encima del hombro hasta el día en que una se posa en un tocón con buena luz y uno se acuerda de que mide un metro y abre metro y medio de alas.

garza real posada en un tocón sobre el agua con flamencos dormidos desenfocados al fondo
Garza real sobre un tocón, con flamencos dormidos al fondo. Brazo del Este (Sevilla), diciembre de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600mm


El adulto tiene el dorso ceniciento, una mancha negra bien marcada en el hombro, el cuello blanquecino recorrido por delante por una hilera de goterones negros, y la cabeza blanca con una banda negra que arranca del ojo y termina en un penacho de plumas finas colgando de la nuca. El pico, largo y potente, es amarillo la mayor parte del año y se vuelve anaranjado en la época de celo, igual que las patas se oscurecen y enrojecen en esas semanas: si la foto muestra un pico encendido, es primavera. Lo que despista de verdad es la edad. El joven no tiene nada de eso: frente, coronilla y cuello grises en lugar de blancos, sin penacho, y la mandíbula superior del pico oscura, de modo que a media distancia parece un ave apagada y sin marcas. Casi todas las garzas «raras» que me han hecho dudar en el campo eran aves del año.

garza real adulta sobre una mata de juncos con luz cálida, con la corona blanca y el pico anaranjado visibles
Sobre una mata de juncos a última hora, con la corona, el penacho y la mancha negra del hombro bien visibles. Brazo del Este (Sevilla), enero de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600mm

 

Come sobre todo peces, pero le entra casi cualquier cosa que quepa por el pico: anfibios, culebras de agua, cangrejos, insectos grandes, pequeños mamíferos y pollos de otras aves, incluso algún pato adulto. Para conseguirlo se planta inmóvil en la orilla o vadeando agua somera, con el cuello recogido, hasta que algo se mueve al alcance, y entonces lanza el cuello de golpe y vuelve a quedarse quieta. Esa quietud de minutos enteros es lo que permite acercarse con el coche y trabajar la foto con calma, y también lo que la delata a distancia: en un arrozal lleno de garcillas que van y vienen, la garza real es la única que llevará diez minutos sin moverse. Le sirve cualquier atalaya para vigilar el agua: la he fotografiado lo mismo sobre un tocón medio hundido que sobre la barandilla de una compuerta de riego, y en el arrozal esas estructuras de hormigón y hierro son a menudo el único punto elevado en cientos de metros.


garza real cazando en agua somera de la marisma con su reflejo completo en el agua
Cazando en la marisma, con el reflejo intacto. Doñana (Huelva), diciembre de 2025. Sony A7R II + Sony 200-600mm con teleconvertidor 1.4x

Garza real portando al vuelo una rata muerta en Doñana
Garza portando una rata en Doñana. Canon 450D + Canon 400mm F5,6L. Noviembre 2010

La garceta grande es la que da problemas, y no por el plumaje sino por la silueta: mismo tamaño, mismo cuello, misma manera de volar, y en cuanto el ave queda a contraluz o muy lejos el color deja de servir y las dos se quedan en la misma mancha gris; la garceta común, más pequeña, con el pico negro y los dedos amarillos, se separa sin esfuerzo. La garza imperial, que comparte con ella los carrizales del sur, es de tonos pardos y rojizos, con el cuello canela rayado de negro en vez de blanco con goterones, y suele estar más metida en la vegetación. En vuelo la garza real lleva el cuello recogido en una S muy marcada y las patas asomando por detrás de la cola, pero eso tampoco resuelve nada frente a la garceta grande, porque vuela exactamente igual. En el arrozal se las ve levantar juntas a menudo y ahí queda claro el problema: misma silueta, mismo cuello plegado, y con luz de frente lo único que las separa es el color.

dos garzas reales y dos garcetas grandes volando juntas sobre el arrozal, todas con el cuello recogido
 Dos garzas reales y dos garcetas grandes en el mismo vuelo: todas llevan el cuello recogido, y la diferencia está en el color. Brazo del Este (Sevilla), diciembre de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600mm


En España se puede ver durante todo el año, aunque no siempre a los mismos individuos. Las garzas que crían aquí son sedentarias o hacen movimientos cortos, y a ellas se suman en otoño las que bajan del norte de Europa, con un paso importante por el estrecho de Gibraltar en octubre y noviembre; el resultado es que en invierno hay muchas más garzas que en verano, sobre todo en el cuadrante suroccidental y en los humedales costeros. Cría en colonias, muchas veces mezclada con otras garzas y con cigüeñas, en sotos y bosquetes junto al agua, y empieza a arreglar los nidos ya a mediados de febrero, de manera que en pleno invierno se la ve entrando y saliendo de las arboledas. La población española va en aumento y ha colonizado en las últimas décadas la vertiente cantábrica, donde antes no criaba: eso explica que hoy la encuentre lo mismo en las marismas de Sevilla que en las rías de Cantabria. No figura en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y su estado de conservación es favorable.
Para buscarla vale cualquier lámina de agua con una orilla desde la que asomarse, y a diferencia de casi todo lo demás no hace falta madrugar, porque sigue cazando a plena luz del día cuando el resto del humedal se ha echado a dormir. En el sur la veo en cada visita al Brazo del Este, posada en los caballones y en los tocones de las acequias; en el norte, en las marismas y las rías cantábricas; y tierra adentro, en humedales como Salburúa.


18 agosto 2026

Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides): cómo identificarla en verano y en invierno, y dónde verla

 La garcilla cangrejera [Squacco Heron - Ardeola ralloides] es la garza que más veces me he encontrado en el Brazo del Este y también la que más veces he tardado en ver, porque posada y quieta sobre un caballón de barro es prácticamente del mismo color que el barro. Se mueve por los bordes de las tablas de arroz y por las orillas de las acequias, casi siempre sola, y muchas veces la localizo cuando levanta el vuelo a poca distancia del coche: al abrir las alas se convierte de golpe en un ave blanca, y ese contraste entre el ave parda posada y el ave blanca volando es lo primero que conviene tener en la cabeza para identificarla.

garcilla cangrejera en plumaje de invierno con el cuello estirado sobre una compuerta de hormigón
Garcilla cangrejera cazando sobre la compuerta de una acequia. Brazo del Este (Sevilla), enero de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600mm

El plumaje cambia bastante a lo largo del año y conviene saberlo, porque las guías suelen ilustrar solo el de primavera. En plumaje nupcial es una garza leonada y cálida, con la espalda de color canela, unas plumas largas y finas colgando de la nuca y el pico azulado con la punta negra. En invierno y a finales del verano el mismo ejemplar parece otro: el cuello y el pecho aparecen rayados de pardo sobre fondo crema, la espalda pierde el tono canela y el pico se vuelve oscuro con la base pálida. Las garcillas que fotografié a principios de septiembre estaban ya en ese plumaje apagado, mientras que la de julio conservaba todavía los tonos cálidos.


garcilla cangrejera de frente con el cuello recogido y el rayado del pecho visible
La misma garcilla, de frente, con el rayado del cuello y el pecho bien visible. Brazo del Este (Sevilla), enero de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600mm


La confusión clásica es con la garcilla bueyera, que en el arrozal está por todas partes y a distancia también se ve blanca. La bueyera es blanca del todo, con el pico anaranjado y las patas oscuras, y anda en grupos por los campos y detrás del ganado; la cangrejera va sola, tiene el cuerpo pardo o rayado y el pico oscuro o azulado, y siempre está pegada al agua. En vuelo la diferencia se estrecha, porque a las dos se les ven las alas blancas, pero la cangrejera enseña el contraste entre el dorso oscuro y las alas claras, y la bueyera no contrasta con nada.


garcilla cangrejera de perfil caminando sobre el hormigón con luz de amanecer
De perfil, con el sol recién salido. Brazo del Este (Sevilla), enero de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600mm

En España es un ave estival que llega a finales de abril y se marcha entre septiembre y octubre hacia el África subsahariana, que es su principal área de invernada, de modo que la mayor parte de lo que se ve por aquí corresponde a los meses de calor. Unos pocos ejemplares se quedan a pasar el invierno en el sur peninsular, y esa población invernante ha ido creciendo en los últimos años, aunque sin llegar a superar el centenar de aves; las fotos de enero son precisamente de uno de esos individuos que no se fueron.


garcilla cangrejera cazando en el borde de un arrozal con el arroz verde de fondo
Cazando en el barro del borde de una tabla de arroz. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025

La distribución en España está muy concentrada en el litoral mediterráneo y las marismas del Guadalquivir. Cría sobre todo en los tres grandes humedales — Doñana, la albufera de Valencia y el delta del Ebro — y de forma más dispersa en humedales interiores como las Tablas de Daimiel y en puntos de Huesca, Zaragoza, Barcelona, Gerona, Salamanca, Madrid, Cáceres, Badajoz, Córdoba, Murcia, Cádiz, Granada y Almería; en Baleares solo aparece en Mallorca. La población se ha recuperado bastante en las últimas décadas, y esa mejora se ha relacionado tanto con la recuperación de humedales como con la expansión del cangrejo rojo americano, que le ha dado una fuente de alimento abundante en los arrozales. Aun así sigue catalogada como Vulnerable en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.

 

garcilla cangrejera sobre un caballón de barro seco junto al arrozal
Sobre el caballón de barro, donde pasa completamente desapercibida. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025

La mejor hora para buscarla es la primera de la mañana, cuando todavía anda cazando por las orillas antes de que apriete el calor, y el mejor sitio, cualquier borde de acequia o de tabla de arroz con barro descubierto. El ejemplar de enero estaba cazando sobre la compuerta de hormigón de una acequia con el sol recién salido, y los de septiembre cazaban en el barro removido del borde de un arrozal, que es donde se concentran los cangrejos y las ranas de los que vive.


garcilla cangrejera de tonos cálidos entre el arroz en pleno verano
En julio, con los tonos cálidos del plumaje de verano. Brazo del Este (Sevilla), julio de 2026

Esta garcilla es una de las especies que se ven en la ruta de un día por el Brazo del Este. Todas las especies que he fotografiado están en el listado de especies.

16 agosto 2026

Un día en el Brazo del Este (Sevilla): ruta en coche, mejores horas y qué aves ver en verano

Al Brazo del Este suele irse en invierno, cuando se llena de limícolas y el arrozal está inundado y despejado. Yo he acabado prefiriéndolo en pleno verano, con el arroz alto y un calor que obliga a madrugar, porque es cuando aparecen las ardeidas que crían por aquí y un par de especies que no encontraré en ningún otro sitio de la península. Las fotos de esta entrada son de tres mañanas: dos de finales de agosto y principios de septiembre de 2025, y una de julio de 2026.

El paraje es un meandro abandonado del Guadalquivir a diecisiete kilómetros al sur de Sevilla, declarado Paraje Natural en 1989, ZEPA en 2002 y sitio Ramsar en 2005. Son algo más de mil seiscientas hectáreas repartidas entre seis municipios, aunque lo que uno recorre en la práctica es la cuadrícula de caminos que separa las parcelas de arroz.

Un canal del Brazo del Este al amanecer
Uno de los canales del Brazo al amanecer, cuando todo está aún en silencio

Cómo me muevo por allí

Entro y salgo siempre por la carretera de Pinzón, la SE-685, justo por donde arranca la SE-659. Desde ahí me muevo libremente por la cuadrícula de caminos, sin un itinerario fijo, y hago el recorrido entero dentro del coche, que acaba funcionando como un hide estupendo: mientras permanezca dentro y me mueva despacio, las aves siguen a lo suyo a pocos metros.

Mi forma de trabajar allí es sencilla y bastante lenta. Localizo una especie por el canto, aparco cerca y espero dentro del coche sin hacer movimientos bruscos hasta que reaparece, que a veces es cuestión de un minuto y a veces de veinte. En alguna ocasión echo mano del reclamo, aunque en verano da poco resultado, porque los pájaros ya han terminado la reproducción y no tienen ningún interés en contestar; cuando lo uso, procuro que sea de forma puntual y sin insistir.

Conviene contar con dos cosas que no aparecen en las guías del sitio. La primera es el calor: hay que llegar al amanecer aunque cueste el madrugón, porque a media mañana la luz se vuelve dura y la temperatura llega a ser realmente extrema, de modo que en unas tres horas ya está uno recogiendo. La segunda son los caminos, que son estrechos y de los agricultores, no de los pajareros: hay que buscar sitio para parar donde no se estorbe, porque los tractores pasan a menudo, y acordarse de subir las ventanillas cuando llega uno, o la polvareda entra dentro con la cámara por medio.

Garcilla cangrejera y martinete, las ardeidas fijas

De todas las aves del sitio, la garcilla cangrejera es la que no me ha faltado ni una sola mañana de verano. Se mueve por los bordes de las tablas, entre el arroz, y en agosto todavía se ven adultos en plumaje nupcial, de un ocre cálido y con el pico azulado que pierden más adelante. Es un ave discreta pese al color, y muchas veces la localizo cuando levanta el vuelo a poca distancia del coche.

Garcilla cangrejera jadeando por el calor
Garcilla cangrejera jadeando por el calor de la jornada. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025

El martinete común es el otro habitual, y aparece en las tres salidas. Al amanecer todavía anda activo antes de retirarse a dormir a la vegetación densa, así que la primera hora es el momento de buscarlo. Los adultos, con el dorso negro y el píleo del mismo color, son inconfundibles; los juveniles, pardos y moteados de claro, despistan bastante a quien solo conoce al adulto y se confunden con facilidad con un avetorillo grande visto de lejos.

Martinete común reposando sobre una pata
Martinete adulto reposando sobre una pata. Brazo del Este (Sevilla), agosto de 2025

Fumarel cariblanco

Sobre las tablas inundadas patrullan los fumareles cariblancos, que cazan peces en los aliviaderos de las bombas con un aleteo ligero y pasan una y otra vez por el mismo tramo. Es probablemente el ave que mejor se deja fotografiar en vuelo de todo el paraje, precisamente porque repite el recorrido: basta con quedarse quieto en un buen sitio y esperar a que vuelva a cruzar, además de que suelen ignorar el coche por completo.

Grupo de fumareles volando sobre el arrozal
Grupo de fumareles sobre el arrozal. Brazo del Este (Sevilla), julio de 2026
Fumarel cariblanco volando visto desde abajo
Fumarel pescando en los canales. Brazo del Este (Sevilla), julio de 2026
Fumarel cariblanco descansando en un poste metálico
Fumarel cariblanco reposando tras la pesca. Brazo del Este (Sevilla), julio de 2026

Los tejedores africanos

La sorpresa para quien no ha estado nunca son los tejedores africanos, que llevan años establecidos en el arrozal y aquí son parte del paisaje. El macho de obispo coronigualdo, negro y amarillo encendido en plumaje nupcial, no se parece a nada ibérico y resulta llamativo hasta para quien no pajarea; el tejedor cabecinegro es algo más discreto y suele verse trepando por las cañas junto a las acequias.

Macho de obispo coronigualdo en plumaje nupcial posado en una caña
Macho de obispo coronigualdo. Brazo del Este (Sevilla), agosto de 2025
Tejedor cabecinegro junto a una acequia del arrozal
Tejedor cabecinegro en un terrón. Brazo del Este (Sevilla), julio de 2026

Cerceta pardilla

La cerceta pardilla es la anátida más amenazada de Europa, catalogada En Peligro Crítico en el Libro Rojo de las Aves de España y declarada en situación crítica por el Ministerio en 2018, lo que la coloca en el escalón previo a la extinción. En las lagunas del recorrido se deja ver con cierta regularidad durante el verano, y la encontré en las dos salidas de 2025. En una de ellas se me acercaron dos furtivos con la intención de descubrir si era personal de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, porque querían quejarse de que ellos no podían cazar en ningún sitio (por falta de presupuesto...) y denunciar que en una de las fincas colindantes se cazaban hasta cercetas pardillas con la participación de altos cargos de la Guardia Civil. Como vieron que estaba haciendo fotos, recogieron y se fueron tras la charla.

Cercetas pardillas acicalándose en la laguna
Cerceta pardilla, la anátida más amenazada de Europa. Brazo del Este (Sevilla), agosto de 2025

Morito común y las garzas del arrozal

Por las parcelas encharcadas se mueven los bandos de morito común, que a contraluz parecen simplemente negros y solo enseñan los tornasoles verdosos y púrpuras cuando les da bien el sol. Con ellos comparten terreno la garcilla bueyera, la garceta común, la garza real y, con menos frecuencia, la garza imperial, que es la más esquiva de todas y la que antes levanta el vuelo. En septiembre de 2025 apareció además un grupo de flamencos comunes en una de las láminas de agua más abiertas.

Morito común reposando
Morito común en el arrozal. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025
Garza imperial entre la vegetación palustre del Brazo del Este
Garza imperial. Brazo del Este (Sevilla), agosto de 2025
Garcilla bueyera jadeante
Garcilla bueyera. Brazo del Este (Sevilla), agosto de 2025
Garceta común caminando por una explanada
Garceta común. Brazo del Este (Sevilla), agosto de 2025
Garza real reposando con el arrozal de fondo
Garza real. Brazo del Este (Sevilla), agosto de 2025

Canastera común

En julio de 2026 me encontré canasteras en los bordes secos, que es donde crían, y es un ave que merece la pena esperar: caza al vuelo con un estilo suelto, más de golondrina grande que de limícola, y en el suelo se camufla tan bien contra la tierra seca que uno pasa de largo sin verla si no se ha fijado antes en el vuelo.

Canastera común posada entre la maleza junto al arrozal
Canastera común. Brazo del Este (Sevilla), julio de 2026

Limícolas de paso

A finales de agosto y en septiembre empieza a notarse el paso postnupcial y aparecen limícolas en las orillas: cigüeñuela común, que allí es fija, combatiente, andarríos bastardo, andarríos grande, chorlitejo chico y algún vuelvepiedras. No son las concentraciones del invierno, pero es un buen momento para ver plumajes de transición, que son los que más cuesta identificar y los que menos salen en las guías.

Combatiente macho en plumaje estival
Combatiente. Brazo del Este (Sevilla), agosto de 2025

Andarríos grande paseando por el lodo seco
Andarríos grande. Brazo del Este (Sevilla), julio de 2026

Andarríos bastardo descansando en una isla
Andarríos bastardo. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025
Chorlitejo chico juvenil
Chorlitejo chico juvenil. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025
Limícolas variados en la orilla de una laguna
Imagen típica del lodo, donde cohabitan varias especies: avefría, combatiente, andarríos bastardo, cigüeñuela y algunas anátidas

Rapaces

Las rapaces del sitio en verano son sobre todo el aguilucho lagunero, que patrulla bajo sobre el arrozal a primera hora, y el aguilucho cenizo, que vi en septiembre de 2025. En la mañana de julio de 2026 hubo además milanos negros y algún cernícalo vulgar por los postes de los caminos, que son el mirador habitual de la especie por allí.

Aguilucho lagunero volando sobre los cañaverales de la laguna
Aguilucho lagunero. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025
Aguilucho cenizo comiéndose un saltamontes
Aguilucho cenizo comiéndose un saltamontes. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025
Águila calzada mirando a cámara posada en un eucalipto
Águila calzada. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025
Cernícalo vulgar posado en un poste
Cernícalo vulgar. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025

Si vas en verano, el resumen es corto: madruga, quédate dentro del coche, ten paciencia con los caminos y vete antes de que apriete el sol. El sitio da para volver muchas veces sin repetirse.

 

 

11 agosto 2026

Milano negro (Milvus migrans): cómo distinguirlo del milano real, dónde verlo y por qué se junta en bandos

El milano negro [Black Kite - Milvus migrans] es una de esas rapaces que uno deja de mirar por costumbre. Está en todas partes: sobrevolando el arrozal, patrullando la cuneta de la autovía, dando vueltas sobre un vertedero o sobre el patio de una granja. Y sin embargo es un ave notable, porque casi todos los que vemos han cruzado el Sáhara para llegar hasta aquí. Llega en febrero, cría aquí el verano entero y luego vuelve a cruzar. Estas fotos son de julio y de principios de agosto, en el bajo Guadalquivir, cuando está en su mejor momento.

Es una rapaz mediana-grande —entre 55 y 60 cm de largo y hasta metro y medio de envergadura—, de color pardo oscuro en conjunto, con la cabeza más pálida y grisácea que el resto del cuerpo, finamente rayada, y el pecho algo rojizo con motas alargadas. En vuelo se reconoce por la silueta: alas largas y estrechas, algo angulosas, con las puntas «dedeadas», y sobre todo por cómo vuela. El milano negro tuerce la cola constantemente, la gira como un timón para corregir el rumbo; ese balanceo flexible y perezoso, planeando con las alas ligeramente arqueadas hacia abajo, lo delata desde lejos. Posado se ve otra cosa: un ave encorvada y de aspecto sucio, con la cola larga colgando y esa cabeza clara que parece de otro pájaro. No hay dimorfismo sexual apreciable: macho y hembra son iguales a la vista. Los jóvenes del año sí se distinguen —son más claros, con las plumas del ala orladas de crema, lo que les da un aspecto escamoso, y el pecho más moteado de pálido.

Milano negro posado de frente en lo alto de un apoyo eléctrico con aisladores de vidrio, con la cabeza pálida y el cuerpo pardo oscuro
La cabeza pálida contrasta con el cuerpo pardo. Posado en un apoyo eléctrico sobre el arrozal, que es donde más veces se le ve. Brazo del Este (Sevilla), 13 de julio de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm con teleconversor 1.4×
Milano negro en vuelo lateral sobre cielo azul, con la cabeza pálida, las alas largas dedeadas y la cola escotada
En vuelo, las alas largas se abren en «dedos» y la cola hace de timón. Vertedero de Utrera (Sevilla), 4 de agosto de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm.

¿Cómo distinguir el milano negro del real: hay tres cosas que los separan y la tercera resuelve muchos casos. Primera, la cola: la del real está profundamente ahorquillada, larga y de un rojizo anaranjado, y mantiene la escotadura marcada incluso cuando la abre; la del negro es parda grisácea y está solo escotada, y desplegada del todo se ve casi recta. Segunda, el color: el milano real es mucho más llamativo, con tonos rojizos por todas partes, la cabeza gris muy pálida y grandes manchas blancas en la parte inferior del ala; el negro es un ave apagada, parda y sin contrastes fuertes. Y tercera, la estación: en el sur, en pleno verano, casi todos los milanos que se ven son negros, porque el negro es estival y el real cría más al norte —centro-oeste peninsular y Pirineos— y es aquí sobre todo invernante, con el grueso de las aves llegando en otoño. Conviene saber, además, que el real está catalogado En Peligro en España, mientras que el negro va bien: no son dos aves igual de comunes, ni de lejos.

Milano negro visto desde abajo con las alas extendidas y la cola desplegada, mostrando el pardo uniforme sin manchas blancas
Visto desde abajo: pardo apagado y uniforme, sin las manchas blancas del ala que luce el milano real. La cola, desplegada, apenas se escota. Vertedero de Utrera (Sevilla), 4 de agosto de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm.

Es un carroñero descarado y un oportunista de manual. Come de todo —roedores, conejos, aves, anfibios, reptiles, peces, insectos grandes— pero sobre todo aprovecha lo que otros dejan: basureros, muladares, corrales, y las cunetas de las carreteras, que patrulla sin descanso buscando atropellos. Esa flexibilidad es la razón de que sea tan abundante y de que viva tan a gusto cerca de nosotros. Cría en arboledas junto al agua —sotos, dehesas, eucaliptales— y sale a cazar al campo abierto de alrededor.

Lo mejor del milano negro, sin embargo, es que es un ave sociable, y eso se ve mejor que en ningún sitio donde hay comida fácil. Un vertedero es un imán para ellos: se juntan decenas, dando vueltas en columna sobre la basura, bajando por turnos, peleándose en el aire por un despojo. En verano, además, forman dormideros comunales en un soto o un eucaliptal cercano, donde se concentran los adultos que no crían y los jóvenes del año llegados desde kilómetros a la redonda. La tarde de estas fotos, en el vertedero de Utrera, conté más de veinte a la vez en el visor, subiendo en térmica sobre los eucaliptos sin batir apenas las alas. No es una estampa de folleto, pero es de las escenas más fáciles de ver y de las que menos se cuentan.

Bando de más de veinte milanos negros volando en círculo sobre la copa de un eucalipto contra el cielo azul, con una cigüeña blanca al fondo
Más de veinte milanos negros en el aire a la vez sobre los eucaliptos, con una cigüeña blanca colándose por la derecha. Donde hay comida fácil se juntan así. Vertedero de Utrera (Sevilla), 4 de agosto de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm.
Detalle de tres milanos negros volando muy cerca unos de otros contra el cielo
Detalle de tres milanos del grupo

Y en algún momento, entre finales de verano y el otoño, se marchan. La salida acaba en el estrecho de Gibraltar, donde cada año se cuentan entre cuarenta y sesenta mil milanos negros cruzando a África: es una de las mayores concentraciones de rapaces de Europa. Los que se quedan en invierno son la excepción, cada vez menos rara en Andalucía occidental y Extremadura. Por lo demás, la especie está bien: figura como de Preocupación Menor en el Libro Rojo y su población española se considera estable o en ligero aumento. Así que la próxima vez que veas una rapaz parda torciendo la cola sobre la cuneta o sobre una nave de basura, fíjate: es el ave que mejor ha aprendido a vivir de nuestros restos.